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Casitas en miniatura como terapia sensorial: texturas, colores y pequeños detalles

Casitas en miniatura como terapia sensorial: texturas, colores y pequeños detalles

Hay algo casi mágico en construir una casita en miniatura.

 

No es solo ver cómo una estructura de madera se convierte poco a poco en un pequeño hogar, sino la experiencia sensorial que se va despertando mientras la montas. La casita de Momo tiene precisamente ese encanto. Combina a la perfección materiales cálidos, colores pensados al detalle y texturas que invitan a tocar.

 

¿Qué Materiales usa Lilelymó?

 

La base es una casita de madera, un material que transmite estabilidad y un toque rústico que enamora. Desde que empiezas a montar las paredes o encajar las piezas, ya notas esa sensación agradable de estar trabajando con algo natural. Luego llegan los muebles, cada uno hecho de un material distinto. Un sillón de tela suave, una mantita de algodón, un librito de papel que parece de verdad, una alfombrita hecha con fibras finas… Cada elemento aporta su propia sensación táctil y visual, y juntos hacen que la experiencia sea mucho más rica.

Los colores también tienen su papel. No hace falta que sean tonos ultra zen ni nada por el estilo. Basta con esa paleta cálida y suave que usamos para nuestras casitas; marrones de la madera, blancos suaves, azules ligeros, pequeños toques pastel. Son tonos que te invitan a seguir, a mirar más de cerca, a perderte en los detalles…

 

¿Por qué son tan especiales las casitas en miniatura de Lilelymó?

 

Porque cada casita esconde mini sorpresas. Ese cajoncito diminuto que sí se abre. La plantita hecha con papel que parece que podría crecer si la miras mucho. Una taza de cartón que da ganas de rellenar con un ‘espresso’ en miniatura. Son detalles pequeños, pero dan un gustito especial al montarlos, como si formaran parte de un juego secreto entre la casita y tú.

 

Disfruta su proceso de montaje

 

Explorar texturas, manipular materiales distintos y fijarte en lo chiquitito hace que el proceso sea entretenido y muy sensorial. No necesitas complicarte ni buscarle un sentido profundo. Simplemente disfrutas con las manos, con los ojos, con esa curiosidad que se despierta sola cuando construyes algo que parece sacado de un cuento.

 

Nuestras casitas en miniatura tienen algo que siempre atrapa. Te conectan con el detalle, con lo artesanal, con esas pequeñas cosas que te hacen sonreír sin que te des cuenta. Y al final, tu casita no solo queda bonita, también guarda dentro todos esos momentitos agradables que viviste mientras la creabas.

 

¿Qué más se puede pedir de un hobby tan pequeño y a la vez tan grande?

 

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